Historízate o desaparece

Los seres humanos nacemos predispuestos para los relatos. Las últimas teorías señalan que eso se debe, en parte, a la selección natural: en las cavernas, las historias explicadas por los brujos y ancianos ayudaban a identificar lo que era peligroso y lo que era saludable. Quien no prestaba atención suficiente moría. Y quien se acostumbró a prestar atención a las historias sobrevivió y tuvo descendencia. Todos somos descendientes de esos últimos y, en consecuencia, en nuestra herencia social y genética se encuentra un cerebro que necesita del storytelling para funcionar y sobrevivir.

Un curso de storytelling

Este post arranca una serie dedicada a conocer la metodología del storytelling. Con ella aprenderemos, como poco, a identificar y a reconocer la importancia de algunos elementos esenciales y comunes en cualquier historia.

Del tipo que sea… Da igual si es un cuento, una novela, un anuncio publicitario o una campaña electoral, mitología o religión.

Si eres lector@ de novelas o si eres consumidor@ de cualquiera de las grandes marcas, esto te va a interesar. Porque vamos a explicarte de qué manera te convencen y te enganchan emocionalmente las historias que te cuentan todos los días. Por lo menos serás más libre de elegirlas.

Pero si estás pensando en poder contar tus propias historias, no puedes perdértelo en ningún caso. Hoy empezamos por lo más esencial de todo.

Storytelling o muerte

Aunque no seamos muy conscientes de ello, un relato atractivo y cautivador es el resultado de una combinación de elementos que, todos juntos, son capaces de activar nuestras emociones. Un relato no es en absoluto la sucesión de acontecimientos contados uno detrás de otro. Ni un conjunto de emociones. O de datos. O la descripción de un personaje, por minuciosa que sea. Eso, por sí solo, terminaría aburriendo a cualquiera.

La combinación de elementos como el ritmo, la trama, el protagonista, la estructura del relato o el tema de fondo es lo que nos ayuda a continuar pegados a una buena historia. Y, como explican Antonio Núñez, Kelsey Ruger o Morgan Marzec entre muchos otros, todos estos elementos actúan a un nivel subconsciente. Porque los seres humanos, desde tiempos inmemoriales, tenemos un cerebro sensible y preparado para prestar atención a los relatos, por encima de cualquier otra cosa.

Se cree que en el Paleolítico Superior, cuando el ser humano era cazador y recolector, vivía en las cavernas y se reunía alrededor del fuego empezando a crear comunidades y pequeñas sociedades nómadas, el consejo oral de los ancianos, o de los brujos agoreros, expresado normalmente en forma de relatos míticos era imprescindible para poder sobrevivir.

Llegado el momento crítico, el hombre primitivo que recordara correctamente qué setas le iban a alimentar y qué plantas le podían matar, o de qué manera había que enfrentarse a un mamut o a un tigre de dientes de sable, salvaría la vida. El que no lo recordara, tristemente, moriría ese día.

Y dadp que el relato era la forma más natural de describir y dar sentido a un mundo tan hostil, el cerebro humano se habituó a prestar atención a las historias como mecanismo de supervivencia. Dicho de otro modo: si a través de la selección natural solo sobrevivían aquellos seres humanos que eran capaces de prestar atención a las historias, a día de hoy nuestro cerebro ha tenido que heredar necesariamente esa predisposición. Porque los que no prestaron suficiente atención no traspasaron su carga genética a las generaciones siguientes.

El caso es que contar historias, el storytelling, no es ni más ni menos que una herramienta natural para la organización mental de lo que sabemos, lo que conocemos y lo que creemos. Y, en el fondo, una herramienta para la supervivencia.

Y del mismo modo la emplean las marcas comerciales en un entorno tan agresivo como el mercado competitivo de este siglo XXI. Sólo que esta vez, en vez de ancianos y de brujos, quienes nos transmiten las historias son los medios de comunicación, la publicidad, las redes sociales, los prescriptores y los líderes de opinión.

Si las historias que nos cuentan no son buenas, ni nos enganchan, ni nos interesan, cuando llegue el momento crítico -el acto de consumo- no las recordaremos. Y entonces preferiremos otras marcas u otras opciones. Resultado: algunas compañías fracasarán y desaparecerán. A la larga sólo sobrevivirán las que mejor hayan transmitido su mensaje. Con una historia.

¿Interesante? ¿Quieres seguir leyendo?

Pues no abandones este canal. Pronto te explicaremos más sobre los distintos elementos integrantes de un buen relato y que nuestro cerebro humano está innatamente preparado para acoger.

Referencias

 

Ilustración

Gruban (Wikipedia) Caza de búfalos, Tassili n’Ajjer, Sáhara, Argelia.

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